30 de septiembre de 2011

Grandes museos del mundo. Parte II Metropolitan Museum.




El Museo Metropolitano de Nueva York es uno de los grandes museos del mundo, tanto por su elevado número de visitantes como por la grandiosidad de sus colecciones. Creado gracias a la colaboración de políticos, empresarios, artistas y filántropos, se ha convertido en un referente museístico de gran relevancia.
Hoy día engloba dos sedes, el edificio principal en la 5ª Avenida y el Museo de claustros y jardines al norte de Manhattan.

El museo original fue creado en 1870, siguiendo la idea de los museos franceses de la ilustración, importada a Estados Unidos a través de John Jay, abogado americano que quedando maravillado por los museos europeos de la época, decide crear un proyecto de similares características en Nueva York.
La primera obra adquirida por el museo fue un sarcófago romano, pocos meses después de la fundación de la institución, a dicha adquisición se le sumaron 150 obras de artistas europeos, entre los que destacaban Poussin, Van Dick y Tiepolo.

Pero no fue hasta 1880 cuando el museo abre sus puertas por primera vez al público. Ya en la sede de la 5ª Avenida, en un edificio de raíces góticas diseñado por los arquitectos Calvert Vaux y Jacob Wrey. Debido al imparable crecimiento del museo, actualmente el edificio originario ha quedado encastrado entre las diferentes ampliaciones posteriores, algunas comenzadas poco tiempo después de la apertura del museo.

Así en los años venideros, el Museo Metropolitano continúa con la adquisición de importantes colecciones de arte europeo, buscando grandes fortunas en decadencia y aprovechando la pujante superioridad económica de los filántropos americanos. En este momento llegan a los fondos del museo la Colección Cesnola, un tesoro de la Edad de Bronce hasta época romana, consolidando al MET como uno de los grandes templos Neoclásicos del mundo.

Poco a poco el museo va ampliando su oferta, pasando a incorporar obras de los principales artistas del siglo XIX europeos, en una incansable carrera por superar a los grandes museos de Europa.
A principios del siglo XX el interés del museo se centra en la adquisición de las obras de arte del Antiguo Egipto, aglutinando gran cantidad de objetos, liderados por la Estatuilla de Hipopótamo. Más de 30.000 piezas constituyen la colección egipcia más importante después del Museo de El Cairo.

La última reestructuración del museo se produjo en 1971 y terminada 1991, no solo se trató de una reestructuración de los recorridos, sino de un perfeccionamiento y acondicionamiento de los espacios expositivos. Adecuando el museo a los nuevos criterios expositivos. Dicha reforma fue llevada a cabo por el estudio de arquitectura Kevin Roche Dinkeloo y Asociados, que estructuraron el museo a base de alas, las cuales son llamadas con los nombres de sus benefactores y coleccionistas que aportaron obras y dinero al museo, así nos encontramos con el ala “Rockefeller” o el ala “Sackler”.
Es durante este proceso cuando se introducen en el recorrido expositivo las colecciones africanas, asiáticas y del cercano oriente. Completando casi en su totalidad un recorrido por toda la historia del arte mundial, desde occidente a oriente. Sin olvidar una de las mayores y mejores colecciones de arte americano, desde época precolombina, hasta mediados del siglo XX.

Ya en 2007 se produjo la última ampliación y reestructuración donde pasaron a formar parte del museo las colecciones de arte árabe y la galería de artes decorativas.

En el caso del Museo de los Claustros y Jardines, situado a las afueras de Manhattan, se construyó en 1938 un edificio a partir de elementos arquitectónicos importados desde Francia, pudiéndose observar restos de claustros que van desde el siglo XII al XV.
En la historia de este edificio destacan la participación de dos personalidades de gran importancia, George Grey Barnard y John D. Rockefeller.
Barnard era un coleccionista medieval, que utilizó su residencia particular para articular sus colecciones privadas a través de los claustros medievales que adquiría en Europa, incluyendo en ellos además multitud de reliquias y tratados medievales. El museo abrió sus puertas en 1914 con la ayuda de Rockefeller, quien aportó gran cantidad de obras de su colección privada y adquirió los terrenos colindantes para evitar que la expansión urbanística estropeara las vistas del edificio.

Con la creación oficial del museo en 1938, se produjo la reforma del edificio y su adecuación como museo, además Rockefeller incluyó un depósito y línea de financiación del museo, previendo las futuras adquisiciones del mismo y garantizando su supervivencia.

Entre sus obras maestras destaca el libro de Miniaturas “Las muy ricas horas del Duque de Berry” del siglo XV.


En el año 2010 el Museo Metropolitano de Nueva York acogió la visita de 5.600.000 personas de todo el mundo, lo que da muestra de la importancia de un proyecto que en tiempo relativamente corto ha conseguido ser el referente mundial que pretendía desde un principio.

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